4 errores a la hora de regular las emociones

4 errores a la hora de regular las emociones

La vida es un popurrí de emociones, algunas buena y otras no tanto. Nuestra forma de regular las emociones también puede ser variopinta dependiendo de la personalidad de cada uno. Mientras unos las evitan, otros entran en pensamientos rumiantes. Algunos los enmascaran, otros se vuelven hostiles. Muchas veces, optamos por regular las emociones con algunas de estas estrategias porque siempre las hemos gestionado así y/o porque no conocemos otra manera mejor de hacerlo. A continuación os nombraré 4 errores a la hora de regular las emociones de una manera beneficiosa tanto propia como ajena.

“Una emoción no causa dolor. La resistencia o supresión de una emoción causa dolor”. – Frederick Dodson

1. No saber reconocerla

Esta parte resulta fundamental para poder regular adecuadamente nuestras emociones. Si no sabemos reconocerlas no podemos conseguir las habilidades necesarias para regularlas. Hemos de ser sinceros con nosotros mismos y admitir que no somos seres in-afectables y que todo nos “resbala”. Estamos constantemente expuesto a emociones de todo tipo. Se trata de hacer consciente aspectos nuestros como persona. Desarrollar la inteligencia emocional nos ayudará mucho en este aspecto. Otra razón por la que el reconocimiento es importante se debe a que una parte de nuestra comunicación no es verbal e implica todo el cuerpo. Por ejemplo, la expresión facial, la mirada, el tono de voz y el lenguaje corporal. Todo ello nos puede indicar emociones que las palabras intenten ocultar. Reconocer las emociones implica ser perceptivos a los sentimientos que nos produce y posibles matices que puedan tener. 

2. No etiquetar la emoción

Una vez que ya podemos identificar una emoción hay que tratar de encontrar la causa. Solo así llegamos a entenderla. Es así porque detrás de una emoción puede haber una trama de sucesos y experiencias en los que una emoción desencadena otra. Muchas veces cuando desmantelamos la causa de una emoción nos sorprendemos de porqué se produjo. No vale simplemente decir “estoy bien” o “ estoy mal”. Saber con precisión porqué te encuentras bien o mal es fundamental para regular las emociones correctamente.

Por ejemplo sentir celos y envidia puede hacernos sentir furiosos. Aunque parece lo mismo se trata de emociones diferentes. La envidia tiene tiene que ver con el deseo de tener algo que posee otra persona. Mientras que los celos es por miedo a perder a un ser querido por otra persona. Saber ponerle el nombre correcto a las emociones nos evitará qué permanezcan difusos. Si asumimos que nuestro celo o envidia es simplemente un enfado, no estaremos afrontando la verdadera emoción, incluso llegar a gestionarla de manera equivocada.

3. Esperar demasiado

Cuando se produce una emoción al principio es de manera intensa, cuando esperamos demasiado tiempo en identificarla y gestionarla, esta va perdiendo intensidad aunque sigue estando de manera latente en nuestro organismo. Esto la vuelve algo confusa y puede desencadenar otras emociones que enmascaran la verdadera emoción inicial. Como por ejemplo la irritación, estrés, pánico, apatía. Ignorar este tipo de emociones pueden llegar afectar nuestro estado de salud mental y podrían provocar una depresión. 

4. No expresar las emociones

Si intentamos ocultar nuestras emociones, estamos ocultados sus causas y no las estamos gestionando. Expresar las emociones es un proceso de regulación que no se debe pasar por alto. Muchas veces omitimos este punto por miedo a lo que vayan a pensar los demás. Obviamente debemos aprender a expresarnos de una manera correcta y respetuosa. Debemos tener la sensibilidad suficiente para poder equilibrar nuestra emoción a la hora de expresarnos, sin ser deshonesto hacia nosotros mismos. Optar por una actitud asertiva ayuda muchísimo en este punto. Al igual que queramos expresar nuestras emociones debemos aprender a escuchar la expresión emocional de los demás. Hay veces que preferimos no escuchar para no tener que aceptar ciertas verdades que pueda ser un poco duras. 

Regular emociones en la infancia

Evitar los 4 errores a la hora de regular emociones expuestas anteriormente son algo que cada adulto debe poner en práctica. Cuanto más se practique, tendremos más opciones de convertirlo en una habilidad. No debemos olvidar nuestro deber como adulto de educar emocionalmente a los niños, seamos padres, docentes, profesores, etc. Aunque el reconocimiento de las emociones en los niños madura en distintas etapas. Lo que ellos vean y les hagamos entender es lo que aprenderán. A partir de los de 2 años de edad, los niños son capaces de reconocer las emociones básicas aunque les cuesta aún reconocer las expresiones negativas en los demás. Para ellos serían todas “caras tristes”. Sin embargo a los 4 años ya empiezan a poder diferenciar más entre tristeza, enfado, miedo, etc. Entre los 10 y 12 años es cuando ya son capaces de reconocer las emociones secundarias. 

El proceso de regular las emociones correctamente

Una vez que hemos dejado de caer ante estos errores podemos elegir la estrategia idónea para la regulación emocional. Siempre entendiendo que tal vez, la estrategia empleada hoy, pueda no funcionar mañana. O por ejemplo, las que funcionan para ti, pueden no funcionar con los demás. ¿Qué estrategias emplear? Esto será el trabajo de carácter individual, buscar el que mejor se adapte a cada uno. Una estrategia puede ser la respiración y atención plena. En anteriores artículo he hablado sobre el Mindfulness (atención plena) y cómo este tipo de práctica ayuda a regular las emociones. También os he hablado sobre el metamomento que trata de hacer una pausa de lo que está ocurriendo para volver de una manera más calmada y actuar de una manera más concienciada. 

“No existe nada bueno ni malo, es el pensamiento humano el que lo hace aparecer así” – William Shakespeare

Otra estrategia puede ser la revaluación que se basa en replantearse aquello que está provocando cierta emoción y buscarle una nueva interpretación. Un ejemplo personal que se me ocurrió cuando estaba buscando un regalo de cumpleaños para uno de mis hijos:

Entré en la tienda y mientras intentaba localizar un juguete concreto entré en uno de los pasillos que se había convertido momentáneamente en parte del almacén. Estaba lleno de cajas y el empleado que se encontraba vaciando una de ellas me dice algo brusco y frio. “¡Aquí no se puede entrar!” De acuerdo, pensé yo y me volví pero por dentro pensaba “¡Menudo borde! ¡Qué mala atención a un cliente!”. Replanteándomela la situación pensé: “Igual acababa de recibir un rapapolvo de su superior”, “Tal vez no le gusta su trabajo” o, “Puede estar mal pagado y por ello no se implica en su trabajo”. Las posibilidades son miles. No quita que el mismo deba trabajar su propia regulación emocional pero sí me ayudó en mi propia regulación de manera que no me lo tomé personal y volviéndome más empática hacia él. 

Si quieres profundizar más en este tema, te invito a que leas mi artículo sobre cómo domar las emociones.

Cristina J. Feltström

Foto: Hello_I´m_Nik de Unsplash



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